| Muchas cosas diferentes y erróneas se han dicho acerca de nuestra expedición al Marmolejo y con este relato pretendo, al menos, desmentir los malos comentarios de los que fuimos víctimas, producto de la ignorancia y sensacionalismo periodístico.
INTEGRANTES
El día 1 de Febrero de 2003, los integrantes de la expedición y miembros del Club de Montaña Viento Blanco de Puerto Montt, Víctor Catalán, Fernando Escuti, Leonardo Plenkovich, Alejandra Suárez, Mario Tocol y el suscrito y Jefe de la Expedición, Andrés Pertuzé además de dos invitados del Club de Montañismo de Osorno, Angelo Delgado y Patricia Gutiérrez iniciamos el ascenso al cerro Marmolejo de 6.108 m.s.n.m. ubicado en el Cajón del Maipo el que es llamado también el seismil más austral del mundo.
El programa de ascenso se cumplía perfectamente de acuerdo a la planificación e itinerario hasta el día asignado para el intento a la cumbre. No me referiré a estos primeros días ya que todo se desarrolló en forma normal y no son novedad para un montañista, sin embargo se hace una reseña al final.
LLEGADA
El día que llegamos al C1, algunos de los integrantes manifestaron los síntomas típicos de la altitud como dolor de cabeza y mareos, sin embargo, dentro de los rangos normales considerando los 4.100 m.s.n.m. Mario se notaba muy cansado y sin apetito y Leonardo tenía una cefalea muy intensa. Preocupado por ellos les pregunto si creen que pueden seguir ascendiendo al día siguiente y me dicen que tal vez durmiendo y con algunos medicamentos se les podría pasar.
No nos preocupamos demasiado del tema y continuamos con las labores habituales de armar el campamento y preparar las mochilas para la siguiente jornada en que debíamos llegar al C2.
El día miércoles 5 salimos como a las 9:30 hr. desde el C1 ya que la jornada nos tomaría sólo unas 4 horas aproximadamente. Este día fue más pesado de lo planeado debido al peso de las mochilas, la altitud, el intenso calor inusual a esa altitud, los numerosos penitentes en la ruta y un sector de grandes rocas en donde a ratos no había una ruta notoria por lo que debíamos ir subiendo por estos bloques con el consecuente desgaste. Además, producto de las nevadas de la semana anterior, el lugar donde se encontraba el C2 estaba tapado de nieve y no lo pudimos distinguir, por lo que nos internamos en el glaciar y finalmente después de 6 horas llegamos al lugar denominado C2' en medio del glaciar del Marmolejo y casi en la base de la ladera que nos conduciría a la cumbre.
Después de que todos llegamos al lugar del campamento y una vez armadas las carpas se notaba el gran cansancio entre todos nosotros por lo que se decide descansar al día siguiente para recuperarnos e intentar la cumbre el viernes 7.
DESCANSO
El día de descanso fue un día típico, mucha hidratación, comida, dormir, preparar el equipo y el ánimo para el día siguiente en que intentaríamos nuestro objetivo. El ánimo en el campamento era bueno en general y el estado físico indicaba que el día siguiente, sería "el día", además de las excelentes condiciones climáticas que nos habían acompañado durante toda la expedición. Lo único raro era que Mario y Leo prácticamente no salieron en todo el día de la carpa, excepto para ir al baño y juntar nieve para derretir, lo cual, algo estaba indicando.
Ante esto fui a la carpa de ellos y Mario se notaba muy apático (algo muy raro en él) y le pregunté cómo se encontraba, me dijo que bien pero no sonó muy convencido y le pregunté si intentaría ir a la cumbre; me dijo que no estaba seguro y que mañana en la mañana decidiría. Por otro lado, Leo no había logrado recuperarse ni mucho menos aclimatarse ya que seguía con intensos dolores de cabeza y se estaba bombardeando con un arsenal de medicamentos que llevaba, los que no lograron disminuir sus síntomas y él mismo me dijo que se quedaría en ese campamento descansando, por lo que renunciaba ir a la cumbre.
Me gustaría señalar que el quedarse todo el día encerrado en la carpa también contribuyó a que Mario y Leo no se sintieran bien, puesto que producto de la respiración, se consume el poco oxígeno existente en su interior considerando que a esa altitud (5.200 m.s.n.m.) ya hay sólo 1/3 del oxígeno disponible a nivel del mar. El hecho de quedarse descansando no significa que nos quedemos sin hacer nada, por el contrario, debemos movernos, caminar, oxigenarnos y hacerle saber a nuestro organismo que estamos en una situación en que debe adaptarse a las condiciones existentes.
LA CUMBRE
El día de cumbre acordamos salir a las 5 de la madrugada ya que sabíamos sería un día largo y pesado. Le grito a Mario para saber si iría, me dice que no.... Me quedé con una sensación de insatisfacción ya que me hubiese gustado que todos pudieran, al menos intentarlo y Mario era a mi juicio, uno de lo más fuertes, pero es la montaña quien decide, uno sólo propone.
Salimos del campamento con las frontales encendidas y una sensación térmica de -21° C, la altitud sólo nos dejaba desplazarnos en cámara lenta, queríamos caminar más rápido pero la respiración forzada y el acelerado ritmo cardíaco nos dejaba agotados cuando intentábamos apurar el paso. Caminamos 2 horas sobre el extenso glaciar. Yo que iba abriendo la ruta, estaba atento a las posibles grietas ya que una cordada que se encontraba en el C2 y que había llegado a la cumbre el día anterior, me comentaron que había algunas grietas y que uno de ellos se había caído y quedó metido hasta la cadera, afortunadamente no tuvimos inconvenientes ya que a esa hora la nieve estaba dura.
Finalmente y luego de unas penosas y frías 6 horas de ascenso logramos alcanzar la cumbre de nuestro tan esperado objetivo. Seis de nosotros, Alejandra, Patricia, Víctor, Angelo, Fernando y yo estábamos en la cumbre del seis mil más austral del mundo, felices por esta nueva cumbre para el Club y para nuestro currículo deportivo.
Las sensaciones nos invadían, ya no se sentía el cansancio, avisamos a los familiares gracias a los celulares y tomamos las fotos de rigor para acreditar nuestro logro. El paisaje a nuestro alrededor era imponente con otras grandes montañas de fondo como el Aconcagua y otros seismiles como el Tupungato y Nevado de Piuquenes que yo había ascendido varios años atrás. Se había logrado un objetivo preparado con esfuerzo por todo un año y como Jefe de Expedición me sentía satisfecho por el éxito alcanzado, sin embargo, como dice el Maestro Lucero, "la cumbre es sólo la mitad de una expedición" y ninguno de nosotros pensaba lo duro y difícil que sería la segunda mitad en donde comienza toda nuestra odisea para rescatar a uno de los nuestros.
UN PROBLEMA A RESOLVER
Cuando nos encontrábamos en la cumbre, llamé por radio a Mario en el campamento 2, para avisarle que habíamos llegado todos a la cumbre, nos felicita y me informa que junto con Leo están preparándose para bajar al C1 ya que no se sienten bien y así tendrían mejores posibilidades de descansar y recuperarse. En un principio pensé en no autorizarlos a bajar solos debido a su condición, pero como el camino de bajada no representaba problemas técnicos le digo que pueden bajar y si se sienten capaces pueden avanzar hasta el CB ya que es la única manera de que se sientan mejor y adelantarían camino, ya que nosotros también lo único que queríamos era bajar luego.
Ya de regreso en el C2 como a las 4 de la tarde nos encontramos con que Mario y Leo aún se encontraban ahí con sus mochilas listas para bajar, le pregunto a Mario qué pasa y me dice que trataron de avanzar pero no pudieron porque Leo está mal y que no es capaz de caminar. Pensé que estaba mareado y no creí que fuese algo como para alarmarse, entonces Angelo me dice que él y Patricia quieren bajar al C1 ya que la noche anterior no durmieron bien y que ellos ayudarán a bajar a Leo. Me quedé más tranquilo porque Angelo estaba muy bien físicamente. El resto de nosotros habíamos decidido quedarnos esa noche en el C2 y bajar temprano al día siguiente. Nos despedimos de nuestros compañeros y nosotros estábamos cambiándonos de ropa, descansando y pensar en cocinar para comer algo y recuperar energías. Había pasado como media hora cuando siento a Angelo que viene gritando a mi carpa y me dice: "tenemos problemas con Leo, no puede mantenerse de pie y está como borracho", me levanto de mi carpa y el resto hace lo mismo y nos dirigimos al lugar donde se encontraban, como a unos 100 metros del campamento sobre el glaciar. Llegamos y le pregunto a Leo qué le pasa y que me describa sus síntomas. Como en un estado de sopor y con voz como si tuviera la lengua dormida me dice que ha perdido toda motricidad en piernas y manos, y que no se puede mantener de pie, sin mencionar el dolor de cabeza.
COMUNICACION
Con la angustia del momento, tratamos de pensar rápido en qué hacer y Angelo me sugiere que llame por radio para pedir ayuda. En un momento dudé en hacerlo ante la posibilidad de dar un aviso de algo que no fuese tan grave como para pedir rescate aéreo y por otro lado si se llegaba a saber de algún problema con nuestra expedición, lo cual era casi seguro que pasaría, generaría mucha preocupación e incertidumbre a nuestros familiares y amigos. Luego de una rápida evaluación de la situación en la que nos encontrábamos y del estado de Leo comencé a pedir ayuda llamando a todas las frecuencias de un listado que Mario había encontrado en Internet días antes de partir a Santiago. Lo primero que se me ocurrió fue que, siendo yo voluntario del Cuerpo de Socorro Andino, el primer contacto debía ser al cuartel que tienen en Baños Morales, pero mis "colegas" brillaron por su ausencia, intenté con el Retén de Carabineros de San Gabriel donde habíamos dejado la nómina e itinerario de nuestro ascenso pero no tuve respuesta, seguí llamando a repetidoras, radioaficionados, pero la radio estaba muda. Me desplacé como 100 metros del campamento para tener una mejor visual del valle y obtener así una línea mas despejada para la onda de radio. Luego de casi una hora de fracasados intentos me había hecho la idea de que no recibiríamos ayuda alguna, pero como soy porfiado y como Jefe del grupo, tenía la responsabilidad a cargo, e hice un último intento repasando todas las frecuencias, fue entonces cuando escuché a alguien hablando en la frecuencia de Conaf, traté de establecer comunicación pero no podía entrar, esperé un momento a que se produjera un lapso en que me permitiera hablar sin que se cortara mi desesperada llamada: ¡¡atento Conaf, me copia!!, cuando en eso escucho el milagro de las comunicaciones: "adelante al móvil que llama a Conaf".
Quería llorar, no sé si de alegría o por la tensión del momento y por ver que al menos teníamos una posibilidad de recibir ayuda después de haber estado casi dos horas soportando el viento y los 7 grados bajo cero de ese momento.
La persona que respondió a mi llamado era el Administrador de Conaf en Baños Morales, Sr. Guillermo Bravo a quien le expliqué todo lo sucedido y que necesitaba me hiciera un contacto con algún helicóptero ante la imposibilidad de bajar a Leo. Rápidamente Guillermo empezó a hacer las gestiones con Carabineros de San Gabriel y yo escuchaba por la radio la solicitud que él hacía de poder enviar uno de los helicópteros pero como estamos en Chile y la burocracia está primero, tuve que dar una serie de antecedentes míos, de Leo, de sus síntomas, de la expedición, las coordenadas en que se encontraba el campamento, en fin..... Ya eran mas de las 7 de la tarde y el sol comenzaba a teñir el cielo y me di cuenta que por la hora ya no enviarían a nadie, al menos ese día, ya que esos helicópteros no están capacitados para vuelos nocturnos. Efectivamente escucho en forma directa por la radio, que Carabineros dice que, de realizarse el rescate, éste tendría que ser al día siguiente...
Un poco desanimado pero con la realidad de nuestro país, acepto la noticia que luego me confirman por la radio. Me piden llamar nuevamente a las 22 horas para informarme si es que el rescate sería posible y a qué hora sería, para colmo debido al frío, el nivel de mi batería está bajando rápidamente. Por ese día ya no había nada que hacer y me dirijo al campamento a avisar a mis compañeros que nos preparemos para el posible rescate al día siguiente y volver a armar la carpa de Leo y Mario para que pasen la noche. Voy a ver a Leo y ahora está peor, tiene mucho frío, con tiritones sumado a un dolor de espalda a la altura de los riñones, me imagino que por estar esperando las 2 horas que yo estuve llamando por radio ante la posibilidad de un rescate. Le aviso que más tarde me dirán si lo vienen a buscar mañana en helicóptero y que prepare sus cosas de todas maneras ya que la evacuación será muy rápida, si es que llegan.
RESCATE
Tal como habíamos acordado, llamé a Conaf y Guillermo me informa que está autorizado el helicóptero para salir mañana a efectuar el rescate y que lo llame a las 6 de la mañana para saber a qué hora estaría subiendo. Además me dice que hay 3 funcionarios del GOPE en Baños Morales para subir a ayudarnos. Sin ánimo de ofenderlos, ya que sabía que estaban escuchando la radio, le pregunto que para qué están ahí si desde Morales se demorarían 3 días caminando en llegar a donde estábamos y si el helicóptero podía llegar al campamento no tenía sentido que ellos subieran a pie. Esto ya me estaba empezando a parecer raro. Me estaba imaginando los titulares de los diarios "rescatan a excursionista extraviado" (porque ya sea la prensa o la autoridad siempre nos menosprecian con sus términos como "excursionista" como si no tuviéramos la experiencia para llamarnos montañistas y "extraviado" como si no supiésemos dónde estamos parados o peor aún, que nos metemos en lugares sin saber nada de hacia donde vamos).
Por supuesto, a los del GOPE jamás los vimos. Después supimos por otros andinistas que estaban en el CB, que el helicóptero llegó con unos funcionarios y que los dejó abajo del glaciar colgante, por el valle donde está el campamento base a unos 3.500 m.s.n.m y nosotros estábamos exactamente 1.700 metros sobre sus cabezas. Es mas, el helicóptero tuvo que descender al CB a preguntar a los andinistas dónde se encontraban los campamentos ya que según Carabineros no nos habían podido encontrar con lo que asumieron que estábamos perdidos. Aún no entiendo cómo no encontraron el campamento si le dimos las coordenadas del GPS. De todas maneras, independiente de mi opinión y pese a todas las descoordinaciones de su parte, no puedo dejar de agradecer a Carabineros el envío del helicóptero.
Fuera de este paréntesis personal y siguiendo con el relato, el día 7 llamé temprano a Conaf y Guillermo me dice que el helicóptero estaría a las 8 de la mañana en B. Morales y que lo llame a esa hora. Nuevamente llamo a las 8 y me informan que el helicóptero va saliendo hacia el lugar del campamento y que lo espere con ropas de colores o algo llamativo para facilitar que nos vean. Les aviso en el campamento que el helicóptero viene en camino y que preparen a Leo y le pido a Alejandra y Patricia que saquen el cubre techo de mi carpa y me alcancen en el borde del glaciar donde yo estaba parado y desde donde se veía perfectamente el lugar llamado "El Amarillo" que se encuentra justo al frente de Conaf.
A los pocos segundos escucho el maravilloso sonido del rotor y las aspas cortando el viento que se dirigían a nuestro encuentro. Yo calculaba que no debía demorarse mas de 15 o 20 minutos en subir ya que estaba en línea recta y sólo debía ganar altura. Pasaban los minutos y pensé que mi cálculo estaba incorrecto por lo que seguimos esperando mientras luchábamos por sostener el cubre techo contra el fuerte viento y nuestras manos torpes por los guantes para protegernos del frío de la mañana. Conaf me había dicho que en el helicóptero llevaban una radio con la frecuencia de la mía para poder comunicarnos. Como ya se estaban demorando decidí llamarlos para saber dónde venían y me doy cuenta que mi radio ya no tiene baterías, intento llamar a Conaf para avisarle y apenas logré que Guillermo me escuchara, me contesta, pero yo ya no puedo salir con la comunicación, sólo lograba escuchar con impotencia cómo trataban de llamarme y no podía contestar. Nuevamente estábamos aislados, solos, con la esperanza de que llegara el maldito helicóptero y olvidarnos por un momento de los problemas sabiendo que Leo iría en viaje a manos médicas, sin embargo, pasó mas de una hora y ya no se escuchaba nada. Luego de unos momentos vimos un punto que sobrevolaba el campamento base. Me pregunté: ¿Qué hacía allá, casi 2 mil metros más abajo? En ese momento pensé dos cosas: o no pudo subir por el viento o alguna condición climática adversa para el vuelo o sencillamente no tenían idea de donde ir. No pasó mucho tiempo cuando llega Angelo y me pregunta por qué no sube el helicóptero. Me quedé callado unos segundos y le digo: el helicóptero no va a subir, tendremos que bajar a Leo nosotros mismos, como sea. Me quedó mirando con una mezcla de rabia y como diciendo no entiendo. Rápidamente lo asumimos y con Angelo empezamos a armar una camilla con lo que teníamos: bastones, piolet, cordines, cintas y mosquetones. Los demás preparaban a Leo, desarmaban el campamento y armamos las mochilas lo más rápido que pudimos. Sin desayunar, salimos del campamento y comenzamos a bajar a Leo. Víctor, Fernando, Angelo y yo bajábamos la camilla. En un principio Alejandra y Patricia nos ayudaron pero con seis personas se hacía incómodo caminar tan juntos y nos tropezábamos y Mario a duras penas arrastraba la mochila de Leo por el glaciar ya que él también estaba mal. A ratos mientras bajábamos, Leo se quejaba de mucho dolor de espalda y ahora más encima tenía problemas para orinar por lo que pensamos en una infección urinaria o cálculo renal. ¡Pásame los remedios para el dolor!, me decía Leo. ¿Cuál? le respondía, tu banano está lleno de pastillas que nunca he visto. Debíamos detenernos, sacar a Leo del saco y ayudarlo a bajarse los pantalones, pero apenas unas gotas salían de su maltratado cuerpo, sin embargo, eso era motivo de alegría entre nosotros ya que se notaba el tremendo alivio que le significaba.
LA "MEJOR" RUTA POSIBLE
No puedo explicar con palabras todo lo que tuvimos que pasar para que se puedan formar una vaga idea de lo que vivimos y por donde tuvimos que descender buscando la "mejor" ruta posible para no empeorar la condición de nuestro amigo, pero si alguien ha experimentado llevar una camilla por algunos metros de camino plano y liso podrá comprender lo que nos costó bajar por 10 horas hasta el campamento 1. Gracias a Dios, las últimas 3 horas nos ayudaron unos andinistas que se encontraban en el C1 y que Patricia bajó a buscar para que nos ayudaran. Por cosas del destino yo conocía a uno de ellos cuando estudiaba en Temuco y me reconoció de inmediato cuando llegaron a nuestro encuentro, eran Los Perros de Los Andes y dos muchachos de Valdivia que también nos prestaron su valiosa ayuda.
Luego de pasar por el glaciar, extensas zonas de desagradables penitentes, la gran pendiente de rocas y haber sufrido aparatosas caídas la mayoría de nosotros producto de nuestras pesadas mochilas, llegamos al C1 a las 24:00 horas de ese día viernes, agotados al extremo, con los hombros adoloridos, las manos acalambradas por llevar la camilla durante todo el día, sin embargo, nuevamente habíamos logrado el objetivo propuesto, unidos, como un equipo que éramos y orgullosos porque lo habíamos hecho solos, sin la ayuda de nadie mas que nuestra experiencia, fuerza y determinación y por supuesto nuestros amigos Héctor, Dick, Claudio y Alberto con su espectacular te con canela y Jeney quien nos recibió con la mejor sopa que he probado, porque ellos también son parte de nosotros, de nuestra familia de montañeros.
Alejandra, Patricia y Fernando se habían adelantado y tenían el campamento armado, de lo contrario me hubiese quedado dormido encima de las piedras. Una vez que acostaron a Leo, cada uno se preocupó de lo suyo, tomar agua y comer ya que sólo habíamos comido la ración de marcha y el gasto energético fue enorme. Yo cociné algo, ya que sabía que el día siguiente no sería muy diferente de éste y ya no contábamos con conseguir ayuda adicional. Sabíamos que tendríamos que seguir bajando a Leo hasta el Base donde esperábamos que nuestro arriero nos estuviera esperando con un caballo para llevar a Leo a Baños Morales. A pesar de lo adolorido de la espalda que no me dejó dormir muy bien, desperté como a las 7 de la mañana con un vago murmullo a la distancia, pensé que ya estaba alucinando, pero no, era el ruido inconfundible de un helicóptero. Me levanté rápidamente para colocarme los botines y salir afuera de la carpa a hacer señales si es que lo veía, de repente aparece no muy lejos del campamento proveniente desde el Base y haciendo un gran rodeo por encima del glaciar. Como locos empezamos a agitar lo que teníamos a mano y de pronto el helicóptero hace un giro y se devuelve hacia nosotros, fue un alivio verlo acercarse a medida que bajaba, se acercó y se posó a unos metros de nuestras carpas. Se bajó el paramédico y me pregunta por el estado de Leo y lo llevo a su carpa donde le preguntó algo que no pude escuchar por el ruido del rotor y me dice que lo subamos de inmediato al helicóptero. El helicóptero se alejó tan rápido como llegó y nos quedamos con la sensación de soledad en la montaña, como si con Leonardo se hubiesen ido también nuestro espíritu y fuerza.
Entre toda la confusión que se creó en ese momento no alcanzaron a subir su mochila al helicóptero, lo cual nos pesaría por el resto de las horas que aún nos quedaban por bajar.
Todos estábamos muy aliviados porque finalmente se había podido hacer el rescate, pero yo me quedé con la sensación de que Carabineros se llevaría todo el crédito y que le tocó la parte más fácil de todas, lo cual confirmamos al leer la prensa cuando bajamos del cerro.
LA EXPEDICION. FINAL FELIZ
Pero la historia no termina aquí ya que debíamos seguir bajando al Base donde se suponía estaban esperándonos los caballos para el descenso a Baños Morales. Una vez repuestos de la emoción del helicóptero nuevamente iniciamos un rápido desarme del campamento para bajar. Nos tomamos unas fotos y nos despedimos de nuestros amigos que debían continuar su ascenso.
Ya más tranquilos y relajados sabíamos que nos esperaba un corto descenso de sólo 2 horas al Base pero debíamos llagar al mediodía y el tiempo no nos sobraba. Nos pusimos las pesadas mochilas y nos tuvimos que turnar para bajar la mochila de Leo, comenzamos Fernando y yo (alguien tenía que dar el ejemplo) pero las manos casi no respondían por el esfuerzo del día anterior con la camilla y fue más complicado de lo que pensábamos.
Luego cuando llegamos a la pendiente con nieve dejamos caer suavemente la mochila para que se deslizara y así llegó casi hasta abajo.
Restaba la caminata hasta el lugar del campamento al que llegamos como a las 12:30 horas y nos pusimos a comer nuestro tan ansiado depósito de cosas ricas que habíamos dejado especialmente seleccionado para ese momento.
Todo era alegría, papas fritas con mayonesa, duraznos en conserva, galletas con paté de ternera y hasta Coca Cola. Algunos nos dimos un reparador y merecido baño con agua de deshielo ya que el momento ameritaba estar preparados para bajar a la civilización. Para hacer tiempo mientras llegaban los caballos, otros preparaban sus mochilas y sin darnos cuenta nos dieron las 3 de la tarde, la misma hora en que habíamos llegado allí el primer día, por lo pensamos que estarían por llegar luego. Cuando eran las 4 de la tarde sólo tuve que mirar a Angelo para que entendiera perfectamente que muy a nuestro pesar, debíamos caminar a B. Morales ya que los caballos no llegarían a nuestro encuentro.
Producto del desgaste propio que sufren las relaciones interpersonales debido a los días que llevábamos en el cerro y de los hechos ocurridos, se produjeron algunas discusiones y diferencias de opinión que hicieron estallar el mal humor en alguno de nosotros y sin más remedio, mordiéndonos la lengua y otros pateando la perra, tuvimos que empezar a caminar llevando además la mochila de Leo y el bidón de 60 litros que habíamos comprado para dejar el depósito, con la vaga esperanza que el arriero estuviera al final del pedregal que los caballos no eran capaces de pasar. Estaba claro que no iba a ser así. No lo podíamos creer y algunos nos preguntábamos ¿qué habíamos hecho para merecer tal injusto castigo? por lo que seguimos caminando.
Hubo muchos detalles estresantes en la bajada, pero que ya no tienen relevancia. Sólo me viene a la memoria el momento en que por buscar una ruta alternativa más corta tuve que trepar por una empinada e inestable ladera y sin darme cuenta pisé una enorme roca suelta que sólo por milagro no alcanzó a uno o dos de mis compañeros. En ese momento me quebré emocionalmente, ya era demasiado, todo lo que habíamos pasado, lo que aún nos quedaba y ahora, casi provocaba un accidente fatal. Caminamos hasta que nos alcanzó la noche y el cansancio y dolor provocado por los 35 kilos en promedio de nuestras mochilas ya no se podía soportar. Hicimos un vivac en un improvisado lugar a la orilla del río y al día siguiente de una larga y agotadora jornada finalmente llegamos sanos y salvos a Baños Morales.
No puedo dejar de agradecer y felicitar a todos los integrantes de nuestra expedición por la fortaleza demostrada pese a las circunstancias, a Guillermo Bravo de Conaf a quien estaré eternamente agradecido por su desinteresada y valiosa ayuda, a nuestros amigos Héctor, Dick, Claudio, Alberto y Jeney, también a Nora por su constante preocupación y por qué no decirlo a la prefectura Aeropolicial de Carabineros quien nos facilitó el nunca bien ponderado helicóptero.
Estoy seguro que cada vez que hablemos de nuestra aventura, se vendrán a la memoria todas las personas que de una u otra manera nos ayudaron y que las tendremos siempre presentes cada vez que recordemos nuestra expedición al cerro Marmolejo.
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